Ningún deporte castiga tanto al espectador nuevo como el tenis. Entras a un partido, miras el marcador y lees 15, 30, 40, "iguales", "ventaja"… ¿Dónde están el 1, el 2 y el 3? ¿Y por qué el cero se llama "love"? La puntuación del tenis parece diseñada para confundir, pero tiene una lógica interna firme y una historia de siglos que mezcla relojes, monedas y tradiciones francesas. Entenderla es dejar de descifrar el marcador y empezar a leer el partido.

Primero lo práctico: puntos, juegos y sets
El tenis se organiza como una matrioska: los puntos forman juegos, los juegos forman sets y los sets forman el partido. Cada punto ganado por un jugador lo acerca a ganar el juego en curso. La puntuación del tenis avanza así dentro del juego: primer punto, 15; segundo, 30; tercero, 40; y el cuarto punto ganado, normalmente, cierra el juego. Decimos "normalmente" porque hay una condición de oro: hay que ganar por dos puntos de ventaja.
Si ambos llegan a 40, se produce el empate conocido como iguales (deuce). A partir de ahí, quien gana el siguiente punto obtiene la "ventaja", y necesita otro más para cerrar el juego; si pierde el punto, se vuelve a iguales. Este vaivén puede alargar un juego durante muchos minutos y es una de las fuentes clásicas de drama del tenis, y nace directamente de la puntuación del tenis.
Los juegos se acumulan en el set: gana el set quien llega primero a seis juegos con dos de ventaja. Con 6-6 se juega, en la gran mayoría de los torneos modernos, un tie-break: un juego especial que se cuenta punto a punto con números normales (¡por fin!), hasta siete puntos con diferencia de dos. Y el partido se gana conquistando el mejor de tres o de cinco sets, según el torneo.
El misterio de la puntuación del tenis: el 15, 30 y 40
La explicación más extendida viaja a la Francia medieval, cuna del jeu de paume, el antepasado del tenis que se jugaba golpeando la pelota con la palma de la mano. En aquel juego ya se contaba por cuartos: 15, 30, 45 y 60, como los minutos de un reloj. La teoría del reloj dice que la puntuación del tenis imitaba las agujas de un dial: cada punto avanzaba un cuarto de esfera, y al completar los 60 se ganaba el juego.
Otra teoría, menos poética pero igual de plausible, habla de dinero: las apuestas y los pagos se hacían con monedas de la época cuyas denominaciones encajaban con esas cantidades, y contar puntos equivalía a contar lo apostado. Nunca lo sabremos con certeza total, porque la costumbre es anterior a los reglamentos escritos.
Lo que sí sabemos es por qué, en la puntuación del tenis, el 45 se convirtió en 40. Con la puntuación de iguales y ventajas, decir "cuarenta y cinco" a cada rato resultaba largo y propenso a errores para los jueces. La forma corta, 40, ganó terreno en el uso cotidiano y acabó oficializándose. Un matrimonio entre tradición y comodidad.
¿Y el cero llamado "love"?
Cuando un jugador no ha marcado ningún punto en el juego, su marcador muestra "love" en inglés, otra rareza con aroma francés. La hipótesis dominante parte de la expresión "l'oeuf", "el huevo", usada para el cero por su forma ovalada, como ocurre en otros ámbitos donde al cero se le apoda huevo. Al pasar al inglés, la pronunciación se deformó hasta convertirse en love. Otra explicación romántica dice que jugar con cero puntos era jugar "por amor al juego", sin nada ganado. La primera teoría tiene más respaldo histórico; la segunda, mucho más encanto.
La próxima vez que el marcador marque 40-15, tradúcelo sin miedo: un jugador lleva tres puntos, el otro lleva uno, y el juego está a un paso de cerrarse. Y cuando oigas "iguales", sabrás que el tenis vuelve por un momento a su esencia más antigua: dos jugadores, un reloj imaginario y la obligación de ganar dos veces seguidas para que cuente de verdad. Y si quieres dominar el golpe con el que empieza cada punto, descubre el saque en el tenis y por qué decide tantos partidos. Puedes ampliar la información en la web oficial de la ATP.
Qué mirar en el próximo partido
En el próximo partido, sigue un solo juego con el marcador en la mano: anota mentalmente cada punto y comprueba cómo el 15, el 30 y el 40 se suceden, y qué ocurre cuando ambos llegan a iguales. Ese ejercicio tan simple convierte una secuencia que parecía arbitraria en un ritmo reconocible, y a partir de ahí empezarás a sentir la tensión real de cada punto. Es la forma más directa de hacer tuya la puntuación del tenis sin memorizar ninguna tabla.
Después, fíjate en los momentos en que un jugador saca con ventaja o contra ella: un juego en el que el sacador va por detrás se juega con más riesgo, porque un solo error puede costar el juego, mientras que un resto agresivo en iguales puede cambiar el set entero. Esos matices son los que convierten un intercambio largo en drama, y solo se aprecian cuando ya no necesitas traducir cada número.
Y cuando el set llegue a su tramo final, observa cómo cambia la gestión de los puntos: hay jugadores que arriesgan más con el segundo saque, otros que alargan los peloteos para cansar al rival y otros que buscan el punto directo. Ver esas decisiones con el marcador claro en la cabeza es disfrutar del tenis en su nivel más completo, como espectador que entiende y como aficionado que anticipa.
